Fueron concebidos y diseñados como un elemento singular de la Universidad Laboral. En la cabeza de Luis Moya y del sevillano Javier de Winthuysen se ideó la necesidad de que el emblemático edificio dispusiera de una zona ajardinada que emulara a la celebrada ornamentación del Generalife granadino. Se redactó el proyecto, incluso se ejecutó la obra, allá por principios de los años cincuenta del pasado siglo, pero los deseos de los promotores no llegaron a plasmarse en una realidad.
Técnicamente todo era perfecto. Se iba a recoger el agua de lluvia del patio interior de la Laboral, mediante un sistema de canalización, para aprovecharlo estética y funcionalmente. Delante de la fachada del edificio iba una fuente. Luego, las albercas formarían un circuito cerrado de agua, de flores, de árboles. En suma, un jardín de ensueño. Los problemas técnicos y, sobre todo, el dinero, dejaron esos sueños en el camino. Ahora, más de medio siglo después, los jardines volverán a recuperar su nobleza.
los jardines, de clara influencia hispanoárabe o andalusí, tienen una gran importancia histórica. Su columna vertebral la forman una serie de albercas de ladrillo macizo insertas en un entramado de parterres de compartimento, pensados en su momento para albergar flores y, por tanto, para crear un efecto de color, algo similar al Patio de la Alberca del Generalife. Incluso había pequeños surtidores de plomo que pretendían reproducir los característicos chorrillos arqueados de los jardines granadinos. A pesar de todo, hay constancia de que los proyectados juegos de agua nunca llegaron a funcionar. Los ladrillos macizos y sus juntas tenían muchas filtraciones y la fuente y el depósito de agua que Luis Moya diseñó para la fachada de la Laboral, complemento necesario de los jardines, se quedaron sólo en los planos.
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